miércoles, 1 de enero de 2014

Promesas Solemnes

¡A zurrir mierdas con un látigo, 2013! Apreciadísimos lectores, estarán ustedes leyendo esto probablemente padeciendo el jet lag de cambio de año, científicamente denominado "Una resaca que no se la salta un galgo". Puede que ya hayan expulsado las primeras deposiciones anuales, duras y secas como el alma de Joselito o líquidas y jupiterinas como un lapo de John Wayne. Puede incluso que ya haya pasado mucho tiempo desde la llegada del 2014 y que os importe ya un carajo lo que tengo que deciros en ese respecto. Si es así, pueden irse a ustedes a freirse la uretra en aceite de oliva.

Si sigue leyendo a pesar de todo, es para usted para quien va este mensaje, amantísimo lector. El comienzo de año suele tener el efecto secundario y absurdo de hacernos prometer terribles disparates sin pararnos si quiera a pensar en lo que estamos diciendo. ¿Quién no ha oído a un amigo o vecino en estas fechas prometer bramante y solemne " Este año pienso comer más naftalina que nadie" para luego morir después de comerse la tercera bolsa?. Clásicos navideños como este son los que minusvaloran la finalidad de este post, que también es, al fin y al cabo una promesa.
Sin más preámbulos: Me comprometo con toda la solemnidad que permite esta sociedad de hoy en día (no hay solemnidad en una sociedad cuyas campanadas no presenta Ramón García) a publicar al menos una entrada semanal a lo largo del próximo año. Han leído bien, impresionables lectores, una publicación semanal durante un año entero. Sin faltas ni vacaciones. Que una nutria se reproduzca con mi pie si miento. 

Y ahora, vayan a disfrutar del 2014. O por lo menos, traten de sobrevivirlo para poder comprobar si esta promesa era finalmente cierta o solo una tentativa más de enderezar su vida por parte de un pelele sin voluntad. 

lunes, 29 de abril de 2013

La Guerra del Desempleo: Día 0

Cuando me encontré a Jose Antonio "el Muelas" el otro día se me caía el prepucio de gozo. Hacer amistad con mendigos siempre me ha resultado sencillo, y mi desdentado compañero era una prueba de ello. Era domingo por la tarde en Méndez Álvaro. "Dame algo, gordo, que estoy pasando hambre" me dijo poniendome una mano grasienta en el hombro. Me volví y allí estaba, con su mirada perdida y acuosa clavandose en mi bragueta. Le dí un puñetazo amistoso en la mandíbula por ese "gordo" que se le había escapado y con el impacto me reconoció. Su memoria no funciona como las demás, es una de esas personitas especiales del Señor. 
- Pero si tu eres...
- Me alegro de que me recuerdes, Muelas.
- Cleopatra "el Puerco" Sunshine. ¡Hijo puta, pensé que habías muerto!- Me abrazó de una forma un poco agresiva, acercando mucho su entrepierna a la mía y deslizándome una paloma muerta en el bolsillo del abrigo. Era su forma de decir que le caía bien.
- Ya no me llaman así. -dije- Y es irónico que pensases que yo había muerto, ya que eres tu el que vive debajo de un puente y tiene Hepatitis.
- Eso es que todavía no te has enterado de la guerra. Sigues en la universidad con tu inmenso culo plantado en una silla ¿no es así?
El segundo puñetazo también le pilló por sorpresa. El golpe le hizo recordar el temario de Literatura que tuvo durante 5 de EGB, que se hallaba bien escondido en alguna parte de su dañado subconsciente. Estuvo recitándolo durante tres cuartos de hora hasta que pudimos retomar la conversación.
- ¿De qué no me he enterado aún, Muelas?
- Hay una guerra en la calle. Una guerra de mendigos con carrera universitaria. La Guerra del Paro.
El Muelas me estuvo relatando como la gente terminaba carreras absurdas como la mía y se preparaban para destetarse economicamente de la ubre reseca de sus padres. Irremediablemente, de una forma u otra todos acababan en la más absoluta miseria, tratando de sobrevivir en las duras calles del Madrid Post-Moderno. Muchos habían optado por protegerse unos a otros, agrupándose conforme a sus inútiles gremios. Los grupos se convirtieron en facciones que pronto tenían los suficientes miembros como para imponerse unos a otros. La lucha había comenzado por algunos contenedores... algún que otro cajero de Bankia donde dormir... pero la vida es dura y todos quieren sobrevivir en este mundo de locos. Pronto, las facciones empezaron a luchar abiertamente por dominar territorios y la muerte había manchado las esquinas meadas y las alcantarillas rezumantes. La Guerra del Desempleo había empezado... 

martes, 1 de enero de 2013

A chuparla, 2012

El año 2012 ha muerto y es el momento de bailar y defecar sobre su cadáver todavía caliente. Es lo que toca. Llegan algunos de los mejores momentos del año en los que espurreamos todos los errores que cometimos el año anterior, haciendo mofa de ese año, todavía de cuerpo presente mientras la viuda llora y se suena los mocos en un impresionante pañuelo con la cara de Johnny Depp bebiendo leche de soja.
Pero llega este nuevo 2013, fresco como una lechuga y con un gigantesco strap-on color violeta para reventarnos el ano. Anuncian borrasca. Pero no debemos tener miedo a esta sodomítica sombra que se cierne sobre nuestras cabezas. Voy a seguir la tradición, descojonandome del año recién defenestrado, y diré que el 2012 ha sido, por norma general, una temporada de mucha busqueda y poco acción, en el que hemos estado buscando una salida que no existe en vez de estar fabricándola con nuestras propias manos. Seguro que ha todos les ha llegado alguna revelación o algún buen momento que ha hecho que esos recién despedidos 365 días merezcan la pena, siempre pasa.
Pero eso no quita que, al margen de los estúpidos tópicos de apuntarnos al gimnasio, aprender inglés y dejar de una vez por todas el vicio de la fitofilia, debemos proponernos de todas todas que no sea otro puto año absurdo de dejar el tiempo correr. Sino en el que nos vamos a enfrentar a la amenaza enculadora con la cabeza alta, dispuestos a dar la vuelta a la tortilla y violar al violador. Tirando exclusivamente de fuerza, carácter y, mi toquecito personal, cloroformo.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Poesía Modelna

A continuación, me autoimpongo la misión de ilustrar y actualizar vuestras mentes con algo de poesía moderna. Poesía vanguardista, sacada de los bolsillos creadores e incomprendidos de gente que quiere ser artista sin saber hacer arte. Obras personales y profundas que trascienden la tomadura de pelo para nutrir al espectador con un absurdo e inútil compendio de palabras inconexas.
Pelo de rúcula, dijo la niña púrpura
y se ensucia
y se ensucia
Misiles dialécticos cruzando
la noche murciana, con su luna frugal,
son ladrones de agua.
¿Quién cacarea?
La esperanza del mastín
¿Y qué quiere?
Desayunos con más fibra,
que le operen las domingas.
Resulta vomitivo como esquilman
la noche del bandido, ladrón de agua,
los ríos del corazón de España.
Observa y ríete.
Observa y ríete de como se desangra.

viernes, 21 de diciembre de 2012

El baile del carcamochas

No me da miedo morir. Soy un caballero primario y feliz que ha disfrutado del rápido tiempo que se le ha designado en este mundo. Estoy muy orgulloso de todas mis cerdadas y depravaciones, son como hijos para mí (hijos deformes como los que tendrías con tu hermana, pero hijos al fin y al cabo. Los tendrás que querer). No me arrepiento de nada.
Lo que me da miedo es envejecer. No por las razones comunes de perder la vitalidad juvenil, que mi cuerpo ya no funcione como acostumbraba o que se me escapen perdigonazos macerados en saliva de la comida de anteayer. Todo eso lo tengo asumido, y lo último incluso me gusta. El problema es la cuestión sexual. Hoy día, la avanzada e irrefrenable ciencia humana ha puesto al alcance de nuestra mano esas mágicas pastillitas azules que convertirán nuestro defenestrado miembro viril en un babeante y oloroso zombi-polla que a duras penas puede cumplir sus funciones originales, pero que al fin y al cabo nos permite el buscado gozo de introducir nuestro tejido cavernoso en agujeros húmedos. Así que el problema ya no radica en el mal funcionamiento de nuestro cárnico hardware.
El problema son nuestros coetáneos y potenciales parejas sexuales. Siempre quedarán las putillas, heroínas callejeras de la vida diaria, para aliviar nuestro problema, pero en caso de no poder acceder a ellas (por ser demasiado pobres, demasiado estirados o demasiado repugnantes) la única salida sexual son las geriátricas caderas de octogenarias de nuestra generación. Por eso rezo todas las noches a Daniel Radcliffe, dios de los poster eróticos en talleres mecánicos, para que me lance un rayo gerontofílico que me convierta en un amante de las tetas caídas y los pellejos colgantes.
Porque sería una lástima arruinar esa maravillosa etapa que es el ocaso de la vida, que nos brinda tan increíbles oportunidades en el campo de la excreción libre de detritus variada, por culpa de una lívido polvorienta e insatisfecha, muerta de sed en una isla rodeada de agua salada. Es desconcertante desear aficionarte a los coños sin lubricar y las arrugas desmedidas pero, ¡que me aspen si no lo deseo en el fondo de mi alma!

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Aquí huele a estrellato

Me fascina el agua. Flotar en una piscina pública, aun sabiendo que es lo más parecido a una lluvia dorada masiva que he perpetrado nunca, es muy parecido a la vuelta al útero materno: el sueño de todo mamífero cabal. Solo hay una forma de acercarse más a esa sensación, y es pagando a una prostituta india (madre por enésima vez), maltratada y triste, para que te deje introducir la cara en su desmensurado útero y una vez dentro, aspirar el exótico aroma del Oceano Índico y de enfermedades venereas erradicadas siglos ha en Europa. Una experiencia sibarítica solo al alcance de los más perturbados. Lo de la piscina pública es mucho más fácil.
Sin embargo, la sociedad vuelve a interponerse entre mis mayores placeres y yo. Hay un obstáculo que me frena en seco entre mi vida y la piscina pública: los vestuarios. Allí donde los hombres, en una camaradería y hermandad obligada, se desnudan y se miden los penes unos a otros. No es pudor lo que me refrena, pues soy una persona activamente nudista y estoy muy feliz con mi desfigurado cuerpo de animal campestre. El problema es el olor a testosterona, las miradas furtivas y curiosas a los miembros ajenos, en busca de una inyección de moral. Es un oasis en una isla de mentiras, un descanso en la no aceptación constante. Entonces llega el macho alfa, un individuo con un desproporcionado nabo, que ondea su virilidad al viento mientras mira a los demás, diciéndonos con los ojos "No pasa nada, chicos, yo no le doy importancia y vosotros tampoco deberíais. Nadie es mejor que nadie por la longitud de su miembro, aunque yo sea capaz de satisfacer a una mujer y vosotros no". Entonces el resto de la improvisada manada agacha la cabeza y ofrece víveres al líder. O por lo menos, esa es la sensación que me dio a mí.

martes, 18 de diciembre de 2012

La teoría del caperuzo

Corre el año cuatripotocientostres después de Bud Spencer. Andorra ha conquistado toda Europa, que ahora se llama "Andorra Norte", excepto España, Italia y Grecia, a los que se les denomina "Putoncillo Island". Una silueta jorobada y trémula se desliza torpemente por las calles de la capital de Putoncillo Island, Segovia, denominada "Chocapic National Geographics" desde la caída del dictador Doctor Chochete  de Tarso. 
La noche es tórrida y húmeda, debido a la cercanía con el mar de Soria. El reloj-brontosaurio de la plaza marca la media noche y espurrea saliva sobre las casas colindantes. La silueta no detiene su curso. Se adentra en los barrios del extrarradio, un lugar peligroso donde, en cualquier momento, puede salir de la nada un agresor para tatuarte en los párpados la palabra "carricoche". Sin embargo, nuestro intrépido jorobado no tiene miedo.
Consigue llegar a un antiquísimo restaurante de comida rápida, donde el resto de los revolucionarios le esperan. El ambiente sórdido del restaurante familiar, ahora repleto de forajidos que se deslizan por los cascados toboganes de olor sospechoso, parece sostener en la atmósfera el recuerdo de todas las ilegalidades allí cometidas. Sudando como mis tetas en la sauna, el jorobado se acerca al grupo.
-¿Lo has traído?
El jorobado asiente y, tras echar una ojeada al local, saca de entre sus vestiduras un bebé envuelto en papel de plata, dejando al aire solo su cabeza.
-¿Por qué lo has traído así?
- Para que si me paraba la pasma, poder decir que es un bocadillo.
- Suena lógico. Todo ha salido respecto a lo planeado.-dijo el que parecía ser el líder, cogiendo en sus brazos al niño- Al fin, en cuanto este pequeño clon de Ramón García crezca, la nochevieja volverá a ser lo que era.
Se echaron a llorar. Habían invertido muchas energías en este proyecto y la suerte parecía estar de su lado.