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miércoles, 6 de mayo de 2015

Tetrarquía

Tres eran los tetrarcas: Herodes Antipas, Herodes Arquelao y Herodes Filipo, Cuatro reinos tenían los tres hermanos, llamados los tetrarcas, y su gobierno juntos era la dodecarquía de los tres tetrarcas. Dos hijos tuvo Herodes Antipas, el tetrarca, antes de morir: Herodete y Herodillo, el primero fuerte y audaz, el segundo aun un chiquillo. Herodete planeaba ser tetrarca, heredar de Herodes, como primogenito heredero, los cuatro reinos al completo. Más Herodes Arquelao, ya sabes, Herodes, el hermano de Herodes e hijo de Herodes, decidió tomar el mando, dio un reino a cada hermano y el cogió los otros dos, alzándose como hexarca. Herodete, ofuscado por haber sido relegado a la preposición "mono" (imaginad la afrenta, semejante referencia a un primate), visitó a Herodes el hexarca en su calidad de Herodete el monarca.

- Ni un biarcado me has dejado a la muerte de mi padre- se quejaba Herodete.
- Más cuando muera, yo que no tengo herederos, te legaré a tí cuatro reinos y a tu hermano solo dos- contestó Herodes el hexarca- Tu hermano será triarca, y tu un orgulloso pentarca.
- Más me tengo que conformar mientras tanto con ser monarca, yo, nieto de octarcas y enearcas. 
-Me exasperas- dijo el hexarca.
- Yo no seré un tetrarca, pero esto es un tetra-asco.

Cual no será tu sorpresa al decirte que Herodete fue inmediatamente ejecutado. No por encarar a su tío, aunque eso ya hubiera bastado, sino por ese chiste marronero con el que quiso concluir su discurso. Y su cabeza fue expuesta en cada pueblo del heptarcado con la siguiente leyenda: "Ni en el tri, ni en el tetra, ni en el hepta ni en el dodecarcado vamos a permitir un humor así de malo". "Hombre, el chiste no es bueno" decía un ciudadano "Pero de ahí a ejecutarlo... Que mala leche me pone esta falta de humor. Que arcadas me da el heptarcado" Y no tardó ni 10 minutos en ser también decapitado. Otra víctima de los chistes malos que no se permiten en nuestro dodecarcado.

miércoles, 29 de enero de 2014

Lob Actuali

El tipo que sube la calle con paso renqueante, algo bizco, vestido muy elegante con un traje de comunión de niña y una corona de papel de plata, erguido y orgulloso, es Perico Franelas. Y le sobran los anacardos. Y lo constata:
     -¡Me sobran los anacardos!- grita, y el hecho se hace patente para cuantos están a su alrededor. "¡Qué suerte!" piensa un transeúnte que le escucha. "Adamra al ne etatsila", piensa otro.

Como está podrido de anacardos, Perico piensa que puede hacer lo que le salga de las pelotas. Y efectivamente, parece que así es, puesto que Perico a lo largo del día ha violado dos buzones, escupido en el oído de un taxista y liberado un hurón ateo en el entreteto de una monja. Sin embargo, ninguna consecuencia han tenido los actos de Perico Franelas, pues a cualquier objetor de su conducta le cierra la boca a golpe de anacardos, sobornando a diestro y siniestro. No en vano, le sobran los anacardos. Y lo constata:
     -¡Me sobran los anacardos!- brama, y cuantos están a su alrededor se percatan. "Ya podrías darme alguno si te sobran" piensa un individuo furibundo con escasez de anacardos. "Billy Cristal", piensa otro.

En una esquina del parque algo detiene el frenético autocomplacerse de Perico. Es una hermosísima mujer plena de pechos y de pómulos tan exultantes que le dificultan la visión y le hacen respirar con cierta dificultad. Perico Franelas se enamora en el acto y decide, como siempre, realizar su voluntad:
     - Eh, nena, ¿quieres venir a mi casa a lamerme el pelo? - propone Perico seductor- Te aseguro que mientras estés conmigo no te faltarán los anacardos.
     - ¿Por quién me has tomado?- se indigna ella- ¿Por un putón que hace lo que sea por unos anacardos?
Tanta repulsa le provoca la proposición de Perico que le practica a este una llave de lucha libre, para luego marcharse ante la congestionada mirada de Perico. ¡Ah, tonto Perico, que ingenuamente pensaste que comprarías amor con anacardos!¡Valiente gilipollas!¡Necio y estólido muchacho, ¿Acaso no sabes que el amor no se compra con anacardos?! Se compra con dinero.

martes, 18 de diciembre de 2012

La teoría del caperuzo

Corre el año cuatripotocientostres después de Bud Spencer. Andorra ha conquistado toda Europa, que ahora se llama "Andorra Norte", excepto España, Italia y Grecia, a los que se les denomina "Putoncillo Island". Una silueta jorobada y trémula se desliza torpemente por las calles de la capital de Putoncillo Island, Segovia, denominada "Chocapic National Geographics" desde la caída del dictador Doctor Chochete  de Tarso. 
La noche es tórrida y húmeda, debido a la cercanía con el mar de Soria. El reloj-brontosaurio de la plaza marca la media noche y espurrea saliva sobre las casas colindantes. La silueta no detiene su curso. Se adentra en los barrios del extrarradio, un lugar peligroso donde, en cualquier momento, puede salir de la nada un agresor para tatuarte en los párpados la palabra "carricoche". Sin embargo, nuestro intrépido jorobado no tiene miedo.
Consigue llegar a un antiquísimo restaurante de comida rápida, donde el resto de los revolucionarios le esperan. El ambiente sórdido del restaurante familiar, ahora repleto de forajidos que se deslizan por los cascados toboganes de olor sospechoso, parece sostener en la atmósfera el recuerdo de todas las ilegalidades allí cometidas. Sudando como mis tetas en la sauna, el jorobado se acerca al grupo.
-¿Lo has traído?
El jorobado asiente y, tras echar una ojeada al local, saca de entre sus vestiduras un bebé envuelto en papel de plata, dejando al aire solo su cabeza.
-¿Por qué lo has traído así?
- Para que si me paraba la pasma, poder decir que es un bocadillo.
- Suena lógico. Todo ha salido respecto a lo planeado.-dijo el que parecía ser el líder, cogiendo en sus brazos al niño- Al fin, en cuanto este pequeño clon de Ramón García crezca, la nochevieja volverá a ser lo que era.
Se echaron a llorar. Habían invertido muchas energías en este proyecto y la suerte parecía estar de su lado.

jueves, 13 de diciembre de 2012

El calcetín sagrado

Era una noche soleada y primorosa, llena de pájaros cantandos y estertores de moribundos. Martin Luther Quince, un niño de seis años con un lustroso bigote, había sido mandado a la cama por sus padres, pero no conseguía conciliar el sueño. Abrazado a su lenguado mascota, Profiláctico, trataba de pensar una historia alegre que le indujese el sueño, pero ninguna le venía a la cabeza.
El porro de buenas noches que su madre le había preparado con cariño no le había hecho demasiado efecto. "Esa perra habrá confundido otra vez la Sativa con la Indica" pensó Martin, sulfurado "Debería partirle los dientes por descerebrada". Por primera vez en su vida, deseó ser un adolescente granudo para descargar sus testículos con una buena paja que le condujese directo al reino de Morfeo. Todos sabemos como le gustan a Morfeo los adolescentes y sus pajas nocturnas.
"Ser niño es una puta mierda" pensaba Martin. "No me han bajado los testículos, hablo con voz de marica, no puedo comprar buen whisky y encima a las niñas de mi clase no le han salido las tetas". Martin hablaba desde el despecho. Ansiaba descubrir el tacto de ese punto erógeno que son las domingas. Imaginaba a las pequeñas muchachas de su clase dotadas de poderosas ubres que se bamboleaban al son de la canción de la comba. Así, poco a poco, Martin se fue durmiendo, pensando en lo maravilloso que sería un mundo de tetas. Sin embargo, Martin descubrirá cuando sea mayor que se equivocaba y que las tetas no son para tanto. Toda persona adulta y sana sabe perfectamente la zona más erótica de la mujer es el juanete. Mientras más duro y abultado, mejor que mejor.

viernes, 26 de octubre de 2012

Corrida en el párpado

Tras la sentencia, se extendió en la sala un murmullo tan neutro que podía confundirse con el silencio. El juez sudaba. La toga le picaba en la rabadilla, quería irse a casa, pero todavía le quedaban cuatro casos antes de terminar la jornada. 
De pronto, uno de los policías que traía y llevaba a los presos dio un atlético salto estilo ballet ruso y se personó ante el juez. Mirándole fijamente, como si no se atreviera a soltar lo que le quemaba en la lengua, se arrancó los botones de la camisa, mostrando un torso perfectamente depilado, y dijo:
- Señoría, quiero ir a la cárcel.
- ¿Pero cómo? ¿Ha cometido usted acaso algún delito?
- No es eso, es que siento que soy la persona adecuada para terminar entre rejas- contestó el policía- Soy fuerte, rudo y me gusta la vida ordenada de la cárcel. Es mi vocación.
- No pienso mandarle a la cárcel- contestó el Juez airado- Usted no ha cometido ningún delito.
- Bueno, ayer le grité a mi mujer y le dije que la sopa estaba fría.
- Pero no pasa nada- dijo el Juez con camaradería.- Todos sabemos lo que es cruzarle la cara a la parienta de vez en cuando, ¿me equivoco?
Esperaba risas por parte del público y el jurado, pero todos estaban ausentes, pensando en la reproducción de la medusa león ártico. Solo un caballero asiático que se sentaba en la segunda fila reaccionó, fumando con indignación de su pipa de crack. El Juez movió el bigote enfurruñado.
- Bueno, ya le he dicho que no.
- Pero, por favor, se lo suplico, es mi sueño desde que mi mujer murió hace cinco años.
- ¿Pero no le había gritado ayer, hijo puta mentiroso?- gritó una señora entre el público. Todo el mundo se giró a mirarla y la presión social pudo con ella. Se tiró por la ventana.
- Que no lo mando a la cárcel, que no.
- ¡Cabrón, hijo puta, que no te cuesta nada!- el jurado se deshizo en improperios contra el juez. Este, verdigris de furia, se levantó y dijo señalándoles:
- ¡TODOS A LA CÁRCEL!- los otros policías se los llevaron.
- ¿y yo?- preguntó el policía de vocación presidiaria.
-¡USTED NO!
- ¿Pero por qué?- estaba completamente desesperado.
- Porque tiene usted la bondad en los ojos- respondió el juez- Y me cae usted bien.
Ambos se miraron sonriendo. Aquel fue el inicio del polvo más decepcionante de la vida del policía que quería ir a la cárcel. Ninguno de ellos volvería a amar después de ese momento de sexo desenfrenado y decepción frustrante.

martes, 31 de julio de 2012

Una historia de amor en condiciones.


De pronto a todas las parejas jóvenes seguían la moda de colgar un candado de una verja, cerrarlo y tirar la llave, símbolo de su amor. Ella le contó que todo aquello había nacido de una novelilla absurda para adolescentes, él ya la aborrecía sin haberla leído. Pero siempre solía decir que no había que cerrarse a nada, que había que limpiarse de prejuicios. Ella siempre coincidía, aunque no le dejaba que le diera por culo. Aún.
Esa noche salieron a la calle, pues eran una pareja joven que no se cerraba a nada. Llevaban un buen manojo de candados de bicicleta. Se acercaron a la moto más cercana y se lo colgaron entre los radios. Luego tiraron la llave a una alcantarilla. No vieron simbolizado del todo su amor, así que repitieron la operación repetidas veces, hasta que se quedaron sin candados. Simbolizar su amor les pareció gracioso. Eran unos hijos de puta, ambos. Quizás por eso se llevasen tan bien.
Cortaron a los pocos meses, ambos están bien. Quedan a tomar café de vez en cuando. Ni hubo melodrama, ni lágrimas. Solo se acabó lo que se daba. Me parece un buen final, un final feliz.

sábado, 14 de julio de 2012

Babiera Campoamor, comprame un cerdito

Osbaldo Punchinbol odiaba mucho los smileys. Con toda su podrida alma de Mormón, le repugnaban a más no poder. Cada vez que los veía en la pantalla de su chat preferido sobre artículos de cocina que pueden usarse de consoladores, no  podía sino imaginar a toda aquella gente que compartía su pasión haciendo horrendas e histriónicas muecas. Además, curiosamente, imaginaba a todos sus compañeros de hobby con la cara de Rosi de Parma llena de natillas, lo que no ayudaba a que las muecas fueran menos inquietantes. Es por eso que, cada vez que aparecía un "XD" en una conversación, con la imagen mental en su cabeza de un internauta riendo como un puto descosido ante su teclado sin razón aparente, se afanaba en conseguir la dirección postal del interlocutor y daba un aviso a los EEUU de que en aquella casa había petroleo, con el consecuente asalto a la casa, el asesinato de todos sus habitantes y el robo de toda sustancia oleosa que encontrasen en un perímetro de 10 km.
A pesar de que le parecía un castigo acorde con el crimen cometido, a veces le entraba una extraña sensación de remordimientos. Pero el tenía métodos infalibles para acabar con ella. Cogía un gato y lo rellenaba con tabasco hasta que desbordase, esperaba a su muerte y luego lo utilizaba de esponja de ducha. Nada limpia tanto los pecados, ni exfolia tantísimo la piel.

sábado, 23 de junio de 2012

Pentatónica charada; todos nos carcajeamos

Alumínico era el coche del tío Roger. Nos encantaba el tío Roger, tenía tanta vitalidad... Recuerdo las Navidades en que la abuela hizo una enorme fuente de testículos de gato vuelta y vuelta, que el tío Roger devoró con ganas mientras decía con la boca llena "chirimoya sexy, la mamá de los camiones". Cuando ingirió por accidente la pastilla de viagra sorpresa que la abuela metía en el asado de mendigo todas las Nochebuenas a modo de broma, todos nos reímos mucho. El tío Roger pasó empalmado una semana entera, durante la cual estuvo únicamente ataviado con un bombín de papel de plata colocado sobre su amoratado prepucio. Cada vez que una anciana pasaba a su lado, levantaba el bombín con gesto cortés, saludándola.
Aquello le gustó tanto que comenzó a inyectarse fuertes dosis de anticongelante en el prepucio, pretendiendo que el efecto se prolongara lo máximo posible. Pero no le salió demasiado bien la jugada, porque su cosita de fornicar comenzó a pudrirse. En pocas horas, sus eyaculaciones eran color marrón. Una vez nos dió un vaso a cada sobrino, diciendo que era batido de chocolate, e incluso él mismo dio el primer trago para acabar con nuestras reticencias. Era tan bromista... Siempre recordaré las caras sonrientes de mis primos, manchadas de fluido marrón infecto, cuando caímos en la broma, mientras el tío Roger lloraba y se pellizcaba muy fuerte los pezones.
Murió el año pasado, atragantado por el cordón de un taxista al que había pagado 20 € para que le dejase chuparle los zapatos. Pero al menos murió como siempre había deseado, lamiendo las inmundicias de la calle en la suela de un desconocido. Incluso en su funeral nos hizo reír, cuando toda la familia, reunida alrededor del cuerpo, decidimos ponerle ceñidos trajes sexuales de cuero y maquillarlo como a una puta barata. Era un gran tipo el tío Roger. Ya lo creo que lo era.

miércoles, 18 de abril de 2012

Calzones cirílicos (de gran calidad)

La tela de saco de color naranja quería ser vestido porque ser un vestido es todo ventajas. En primer lugar, liga y folla más, y eso es algo que nos tira a todos. En segundo lugar, las facilidades que tiene un vestido para conseguir crack son inmejorables. Por último, la tarjeta de descuento para polos con sabor a semen de Rick Ashley marcan la diferencia absoluta entre los vestidos y el resto de los tejidos.
Así que la tela de saco de color naranja se embarcó en un inenarrable viaje con su amigo, el prepucio de pato. No era muy listo, pero preparaba las chutas como nadie y además tenía un inmenso corazón, que la tela de saco podría penetrar a su antojo con su inexistente pene. Por el camino, encontraron un enorme precipicio, que se lamentaba por haber sido violado de niño por un tazo de Pokemon con la cara de Vivaldi pintada en boli bic por uno de sus laterales.
La tela de saco, de naturaleza sensible, ignoró completamente los llantos del abismo, que cada vez sonaban más parecidos a la violación brutal de un alce. El prepucio de pato, mucho menos sensible, arrojó al enorme agujero un cordón de corcho, canturreando burlonamente "¡Sinopsis marinera!¡Sinopsis marinera!". El precipicio arrancó a llorar mucho más fuerte y una de sus lágrimas, que eran muy parecidos a muñecos de gelatina de Emilio Aragón, fue a parar bajo los pies de la tela de saco de color naranja, que resbaló y quedó agarrada penosamente en el borde del precipicio. Desesperada por la certeza de la muerte, clamó la ayuda del prepucio de pato, que se acercó al borde y mirándole a los ojos le dijo:
 -Never gonna give you up
Never gonna let you down
Never gonna run around and desert you
Never gonna make you cry
Never gonna say goodbye
Never gonna tell a lie and hurt you

miércoles, 4 de abril de 2012

Marcos 63, 11-87: La mejor parte del evangelio

Estaba reservando esta entrada para una ocasión especial, como es la semana santa. A día de hoy, todavía no os he mostrado mi vena religiosa, pero la tengo, como todo hombre inquieto por los misterios del cosmos. Habreis adivinado por mis antiguas entradas que soy un celoso guardián de la virtud, y tendreis razón, pero hay mucho más, pues también soy un ávido lector de las Sagradas Escrituras. Buceando en la Bíblia he encontrado cosas tan maravillosas como la escena de Abraham comiendose los prepucios que había cercenado la noche anterior, cocinados a la romana, o la escena en que el rey David se hace su primer pajote, dejando escapar su sacra leche en el ojo de una prostituta manca. Sin embargo, mi pasaje preferido de la Bíblia sin duda, es la parte del evangelio de San Marcos que ha continuación os refiero y que me ha proporcionado infinitas horas de reflexión sudorosa y grasienta como el pelo de Tamariz. Dice así:

"En aquel tiempo, existía en Judea seres que a primera vista se identificarían como pecadores. Su nombre era dinosaurios, y se extendían por la faz de la tierra, dominando con su tiranía atea y herética a los habitantes de la tierra de dios. Se cruzó Jesús con uno de estos seres en las tierras de Samaría. El dinosaurio le cortó el paso, a lo que el hijo de dios, en santa y serena actitud respondió:
     -Haz el favor de apartarte, criatura, pues el camino a Dios es recto y no permite rodeos.
    -Disculpeme, maestro- respondió el gigantesco reptil- pero ese carro está a punto de pasar y no quisiera derribarlo sin querer. Espere a que pase el carro y con gusto me retiraré de su camino.
     -Te he dicho que te quites, payaso- dijo Jesucristo, gallardo y viril.
   -Caballero, eso no son formas- respondió con voz lacrimógena el dinosaurio, a punto de llorar- Le he explicado que...
      -Ni explicado ni explicada, como no te apartes te vas a enterar de quien es el Yesus.
      -Te ha dicho que te pires, lagartija-intervino Pedro, con un impresionante acento madrileño de barrio bajo.
      -Caballeros, sean razonables...
El dinosaurio no llegó a acabar la frase pues el hijo de Dios estiró su santa mano y cruzó la cara del dinosaurio pecador sin mayores contemplaciones. (Nota de la Bestia: A pesar de lo que muchos teólogos afirman acerca de que la primera hostia aparece en la última cena, yo soy un acérrimo defensor de que esto ya se puede considerar una hostia fina de las buenas buenas) San Pedro sacó entonces una navajilla en la que se podía leer "Recuerdo de Albacete" y grabó en el costado del dinosaurio "Soy la putita del mesías sin tener nombre de bollería" (N.de la B.: Sin duda, una referencia a María Magdalena) y entre los 12 lo cosieron a patadas hasta su muerte. Pero como las santas chanclas de Cristo habían sido manchadas y sus santos testículos habían sido tocados, el mesías, con una milagrosa determinación, engañó a todos los dinosaurios del mundo para meterlos en el cenáculo diciendoles que regalaba muñequitos hechos de choped y allí la ira divina calló sobre esa especie de pecadores, en forma de puñetazos más bestias que meteoros".

Palabra del Señor. Sería una broma muy fácil decir que este final alude al fin de los dinosaurios bajo la caída de un meteorito (como creen los puñeteros científicos), sin embargo, la iglesia va más allá. Porque esa hermosísima última frase solo hace alusión a que Cristo, contra todo pronóstico, también inventó la meteorología.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Johnny Salmonte no era un boniato sin corazón

La tarde blanca caía sobre la sien de aquel chicle masticado pegado al suelo. Este murmuraba barbaridades a las gentes que se cruzaban con él. Blasfemaba cada vez más gravemente hasta el punto de que el niño Jesús acabó por hacerse un piercing para llamar la atención de sus padres. La gente estaba alarmada y tapaba los oídos de sus hijos con calcetines sudados y repletos de saliva de desconocidos para que no pudiesen oír semejante sarta de improperios. Justo cuando la ciudad amenazaba con entrar en el caos, llegó un hombre libre, un signo de todo lo bueno que hay en este mundo. Naranjito. Este icono de la verdad y la justicia iba disfrazado de alguna especie de animal de granja y maquillado como una puta de pueblo. Parecía melancólico y olía a ginebra barata. Cuando vió al chicle, comenzó a reir a carcajadas, se acercó a él y le dijo:
    -Si tus problemas fuesen un animal, ¿cuál serían?
    - Una fregona con pies de mamut y cabeza de aligator- contestó el chicle sin dudarlo ni un momento.
    - Eres cruel- dijo Naranjito, volviendo a su tristeza, antes de desaparecer para siempre entre las olas del mar.
El chicle sacó una tarjeta de crédito, su cartera y una bolsa con cocaína y, después de ofrecerle una ralla educadamente a una monjas que pasaban a su lado en ese momento (y que por supuesto no despreciaron), moldeó en la finísima y pura cocaína la figura de un pato, que después inhaló sin contemplaciones. El chicle drogadicto voló en mil pedazos, siendo el único beneficiado de toda la historia un médico recién licenciado con un gorro de piel escrotal humana, que tuvo que tratar las infecciones de oído de todos los niños de aquella calle, ya que los calcetines sudados y los tímpanos son los dos dramáticos protagonistas de una historia de amor imposible y autodestructivo.

viernes, 9 de marzo de 2012

Carcasas de plástico duro para sus niños neonatos

He tenido un horrible sueño de siesta, de esos de los que te levantas con tus acartonados calzoncillos con estampado de Pedro Piqueras comiéndose un yogurt empapados de sudor frío. El subconsciente, por mucho que la parte racional intente superarla, parece siempre ser la parte más enferma de mí.
En mi sueño, un hombre desnudo con una estrella de sheriff clavada en un pezón y un sombrero de vaquero de lentejuelas intentaba meterme en la boca una cucharada de menstruación de castor. Yo solo era una pobre medusa con labios de mujer, que trataba de escapar, excitada y asustada a un tiempo, de las manos resecas de aquel sheriff pervertido. En ese momento, una bomba con la forma de la cabeza de Julián López caía sobre la zona, reduciendo al sheriff a un montón de cortezas de cerdo de sabor agridulce.
Fue entonces cuando, sobresaltado, salí de mi fase REM para darme cuenta de la inexistencia de esta historia. Contrariado, no pude sino echarme a llorar sobre la almohada. Cuánto te hecho de menos, mi querido sheriff.

lunes, 5 de marzo de 2012

Chamizo sexy

Un ciego y una silueta de Leticia Sabater en cartón piedra se encontraron una tarde bajo un membrillo. La silueta, según vio al ciego, lo detuvo y le recitó:
-Alma de perro empanado
no sabes ni que meneas
el gorro de un legionario
que está cantando saetas.
Sobrecogido, el ciego intentó palpar la cara del artista que le mostraba tal revelación, con tan mala suerte de que introdujo su dedo en el ojo de cartón de la silueta de Leticia Sabater. Esta respondió con una amorosa patada en los testículos. Sonó un "chof" de huevos que fueron y nunca volverán a ser. El ciego, asustado, echó a volar hasta que salió del alcance de su agresor. Cuando ya alcanzaba los 20 metros de altura, comenzó a caer en picado contra el suelo, cosa lógica porque los ciegos no vuelan.
Así es como Sandocán Ramirez, ciego de nacimiento, murió. Como había donado su cuerpo a la ciencia, su cadaver acabó en manos de un estudiante de medicina que decidió trepanar la piel de su escroto para hacerse un gorro de ducha. Y aquel feliz estudiante de medicina nunca más tuvo que preocuparse de que se le mojase involuntariamente el pelo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Cartuchito Maldonado, el cojo de mente enferma

El surrealismo ha pasado a ser algo más que la intromisión artística en el subconsciente propio y colectivo. El surrealismo ha pasado a definir a situaciones imposibles que suceden o se figuran, probablemente por el parecido al producto de una mente enferma. Un ejemplo de surrealismo en la vida real es la historia de Bucht Cimitarra, un geólogo amateur y teórico del porno entre primos, que se camufló con el entorno montañoso para meterle el pene en el oído a un jaguar y sacar una automática de esta situación, en pro de ganar un concurso de fotografía, cuyo premio, un elefante hinchable relleno de semen seco de Miguel Bosé, compensaría cualquier mutilación. Cual fue su sorpresa cuando, por culpa del camuflaje, no salió en la foto.
Para los que esteis preocupados por el señor Cimitarra tranquilos, lo único que consiguió arrancarle el puma fue un apasionado morreo de tornillo. Creo que la moraleja es tan obvia que no hace falta explicarlo y que por tanto cualquiera entenderá la finalidad del siguiente video y su aporte pedagógico a mi historia.