Cualquier mente sana concordará en que el tiburón es al mar lo que el león a la sabana o lo que una compresa usada a una playa atestada de gente. El rey, el más pollón. El Tito MC del salitre. Y como todo ser que alcanza en sí mismo la sublimidad y el predominio, merece que el arte se ocupe de señalarlo y ensalzarlo, de rociarle una oda sobre toda la zona del bikini. No es esto, sin embargo, algo que se haga patente para el grueso de nuestra embrutecida sociedad, sino algo susurrado al oído por la Musa a unos pocos elegidos. Unos pocos visionarios, siempre perseguidos, tomados por locos. Visionarios que hacen serie B.
Una y otra vez nos deslumbran estos iluminatis con sus geniales y disparatadas versiones de la temática de tiburones. Ideas tan absolutamente geniales e innovadores que ante un ojo inexperto puede parecer ineptitud o ridiculez, pero ¡cuidado, avezado lector!, porque no hay nada más lejos de la realidad. Estos genios han conseguido llevar la inutilidad a un nuevo estatus: el de la sublimidad.

En conclusión, les recomiendo de la manera más insistente en que se sumerjan en este bello género, si bien les recomiendo que sea con algún tipo de estupefaciente en sangre. Abundan los argumentos cojos, los diálogos pésimos y la lógica más absurda, que constituyen la ambrosía de los paladares más refinados para la chorrada, la estupidez y el choped de pavo.


Si haceis click en la foto vais de cabeza al espacio web donde se pueden descargar los 6 programas que tienen por ahora. Disfrutadlos como putos heroínomanos con un pico.