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miércoles, 15 de enero de 2014

Save the Aliens

La fauna del transporte público. Esa maravillosa colección abúlica de gente aleatoria que bambolea de aquí para allá unas muy urbanitas nalgas en pro de objetivos para nosotros desconocidos. No dejen que les confundan, avezados lectores, los estreñimientos anímicos de los cientos de mediocres articulillos que han hecho diana de este tema, es llorosa cantinela sobre la alienación del hombre representado en un currelas en el metro a las 8 de la mañana. Seamos justos, a las 8 de la mañana se tiene derecho a estar tan alienado como le plazca a uno mismo.
De Cleverness en Devian Art
Antes que la crítica, bien merece una oda, un trofeo con la forma de las nalgas de Ewan MacGregor o, el culmen de toda fauna, un documental de Félix Rodríguez de la Fuente (te añoramos, Félix). Definitivamente, si observamos a aquel caballero deshollándose las meninges a través de las fosas nasales o a aquella señora que lanza alaridos al cabrón insoportable de su hijo (lacerando los tímpanos de todos los presentes con el cariño y la dulzura que solo una mamá cóndor podría igualar) cualquier observador suspicaz comprenderá la fecundidad y hermosura de este ecosistema humano.
Mas no todo es rico semen de nutria en este puchero, pues existe una especie depredadora que amenaza con aniquilar y conquistar este valioso hábitat, parasitando poco a poco a todas las especies autóctonas. Señores de Green Peace, no entiendo a que esperan para dirigir sus muy neumáticas lanchas hacia el centro de la península ibérica, cruzando a toda prisa con sus embarcaciones por los pasillos del Cercanías Colmenar-Parla. Menos salvar focas y más acabar con los "tecno-zombis". ¡Salvemos al borracho, al dormido y al hombre de la cara abúlica! Protejamos la fauna autóctona del metro frente a la amenaza que la asola. Terminemos con el virus de los smartphone antes de que acabe con nosotros.
Démosle a nuestros hijos un mundo limpio y sano, con fauna de metro. ¿O queremos que sean nuestros predecesores solo una pantalla más en este valle de pantallas?

sábado, 15 de diciembre de 2012

Llega la navidad

Por fin llega la navidad, la época más bonita del año. Los cínicos sacan a la calle su cara de mal humor, musitando nosequépollas de fiesta capitalista. los consumistas sufren una crisis nerviosa ante el bombardeo publicitario. La mayoría pasa las navidades con indiferencia. Sin embargo a mí, las navidades me hacen tremendamente feliz. 
Vuelve la época de las tradiciones propias, de las luces de colores, de los árboles de petróleo y los recuerdos de infancia. La sensación de jolgorio, una especie de borrachera constante en la que permitimos que una inexplicable felicidad nos inunde. Los magníficos paseos invernales por la urbe, mientras nievan suicidas solitarios desde las azoteas.
Puede que sea una fiesta religiosa en principio, pero se ha convertido en un canto al vitalismo. Una fiesta alrededor del nacimiento de no se qué crío, que se ha transformado en una fiesta para dar gracias de haber nacido, una fiesta para disfrutar y descubrirnos a nosotros mismos que la vida puede verse en un tono de felicidad y alegría. Eso es para mí la navidad, unos días de holgura dedicados a ver la belleza que rezuma del mismo hecho de vivir, de vivir año tras año, que nos recuerda que si colmamos nuestro entorno de buenos sentimientos y intenciones agradables, de cosas hermosas, brillantes y felices, la existencia puede ser algo más que un aburrido paseo. Pero claro, a lo mejor solo lo veo yo así y el gilipollas soy yo. Un gilipollas feliz, pero gilipollas al fin y al cabo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

La esgrima hoy día

Por desgracia, los tiempos de Quevedo en los que se pasaba por el acero al cabroncete borracho que te toca el nardo en un bar han quedado atrás. Se ahogaron en el polvo del progreso el dominio de la espada y las habilidades de espadachín como característica indispensable.
Sin embargo, hoy es necesario otro tipo de filo para vivir el día a día. La televisión, los periódicos, la radio, la literatura contemporánea nos bombardean a diarios con opiniones preconcebidas, frases hechas, eufemismos... Una versión invertida de la "neolengua" de G. Orwell en 1984. Aunque el lenguaje y la creatividad del mismo está aumentando a cada segundo que pasa (al contrario que en la novela de Orwell, en la que el lenguaje se reduce y contrae), la intención ulterior es borrar los conceptos negativos de la mente. El día a día es una batalla constante por la libertad para aquel individuo que pretenda ver las cosas tal y como son, y de ese modo expresarlas.
Así, el citado individuo debe mantener constantemente activas sus dotes retóricas y desarrollar el conocimiento del lenguaje lo más posible. Debe mantener los conceptos constantemente frescos y destripar los eufemismos que se nos ofrecen en su lugar. Su lenguaje afilado y su percepción óptima, para cazar y desenmascarar la semántica real de las palabras. Y así, el intelectual, de alta o baja estofa, se ve convertido en un espadachín retórico que se defiende como un gato panza arriba de la lluvia dialéctica por la que se ve acosado. Solo el más ducho espadachín será capaz de afrontar nuestra realidad actual sin verse afectado por ilusiones ni trampas. Esto ya lo hacía Quevedo, pero además te metía un navajazo entre las costillas. Era la sangre mediterranea, que le vuelve a uno visceral.

Quememos a las brujas

Las turbas furiosas han vuelto a ponerse de moda. Hoy en día no eres nadie si no llevas una dilatación en algún colgajo de piel de tu cuerpo o si no perteneces a una turba. Alegremente salimos a la calle a jalear, cabreados como micos, activos todos como el bífidus. A veces la turba se descompensa y se rompe algo, pero coño, somos una turba. La Plaza del Sol se inunda día sí, día también de gente turbada en una turba que odia la turbación del momento entre otras cosas. 
Y no es para menos. Desde luego, la cosa está para quejarse, nos han puesto al límite. El problema es que yo nunca he sido mucho de modas y, aun conociendo los numerosos estudios que aseguran que vocear descontroladamente por la calle aumenta el tamaño del pene y/o clítoris, no soy demasiado partidario de descargar mi ira acerca de cosas que de verdad la merecen. Creo que esa ira es productiva, y debería tener una salida productiva. Quejarse no sirve de nada cuando uno se da cuenta de que no le hacen ni puto caso. Mi recomendación para el susodicho crecimiento de pene/clítoris al vocear por la calle es ponerse un gorro extraño, salir a la calle y gritar incongruencias. Lo hago mucho. La palabra lunático nunca tuvo connotaciones negativas para mí.
Pero si os empeñáis en seguir con la modita de la turba, decisión completamente respetable, más os valdría compraros gorros de colonos y antorchas. Empezad a quemar a vuestras brujas de una puta vez, porque las turbas están empezando a cansar y se van a pasar de moda pronto. Y entonces, las nuevas turbas os harán objeto de su furia a vosotros. Y os arrancarán los pezones a pellizcos de monja. De eso me encargaré yo personalmente.

lunes, 15 de octubre de 2012

Caspa de foca

La debo mucho al acto de la defecación. Son muchas las horas que dedicamos a deslizar por diversos pliegues y supurantes almorranas toda una variedad de ñordos que inician su encantador viaje hacia ríos vírgenes. Y yo las he aprovechado leyendo. No siempre buenas lecturas o interesantes, pero por mi cabeza deambulan todo tipo de datos acerca de los más variopintos temas adquiridos durante la exhaustiva exploración del revistero.
En mi periplo, he leído incontables revistas de decoración, humor, moda... y son estas últimas las que más me han fascinado, lanzándome a un universo paralelo de estrógenos e histeria, donde la anorexia es el orden del día. Mujeres esqueléticas enfundadas en los más variopintos trajes desfilan indolentes por las páginas, con cara de no haber probado nunca un potage de morcillas. Mujeres que no despiertan el instinto sexual por una cuestión práctica: No se puede mantener relaciones con ellas porque se te colarían por el agujero de la polla.
Y entre la enfermiza modelo de la página 32 y las patas de alambre de la página 34, publicidad de cosméticos, la verdadera razón de ser de estas revistas. Para los iletrados, un cosmético es un potingue que la gente se emplasta en la cara como pegote de semen para parecer menos reales. Es como el photoshop de la realidad. Lo más curioso de semejante invento son los materiales con los que se jactan de hacerlo: semen de medusa, grasa de eunuco, baba de caracol, caspa de foca... un sinfín de guarreridas que otorgan a estos insidiosos pucheros la apariencia de pociones chamánicas. Con esto y una fotografía de una fémina sin poros en la piel (a mi entender, tener la piel como el PVC representaría más bien una desventaja, porque pasaríamos un calor del copón bendito, pero bueno) la gente se pone en la cara lo que sea... y eso me sugiere toda una suerte de enfermizas ideas. Seguro que a vosotros también. De nada.

jueves, 4 de octubre de 2012

Violencia en las calles

Resulta que al parecer unos señores con porra acostumbran a pegar a unos señores con carteles. Los señores con carteles llevan un par de años llevando carteles. Antes eran señores sin carteles. Pero no les gusta como están las cosas, así que un buen día sacaron sus carteles a la calle. Y ya está, nada más. Por lo visto, los señores con porra son niñeras de los señores con carteles. No quieren que se hagan daño, ni que molesten al resto de señores.
Ahora bien, un día que los señores con carteles estaban sentados, sin más acción que la de blandir sus carteles, los señores con porra decidieron mandarlos a casa. Pero los señores con carteles no creían que hubiesen mostrado suficiente sus carteles. Entonces, como toda amorosa institutriz que trata de mandar a unos pacíficos chiquillos a la cama, los hombres con porra empezaron a molerlos a hostias como si no hubiese mañana. Con la más que magnífica melodía del crujir de huesos y el lagrimeo asustado comenzó esta bonita historia de sana rivalidad.
Los señores con carteles, a los que por primera vez en mucho tiempo se les había comenzado a tener en consideración gracias al gratuito ataque de los señores con porra, tuvieron la feliz idea de pagar con la misma moneda, lo que los llevó de nuevo a su estado de impopularidad. Cuando la gente los miraba ya no veían el mensaje de sus carteles o la utilidad de sus porras, sino a señores brutales con cartel y a señores brutales con porra, cargándose cualquier oportunidad de que en principio bien intencionadas ideas de ambos bandos llegasen a buen puerto. Aún así, por alguna razón, se siguen peleando. Y a mí me gusta verlo, porque es como una pelea de enfermos mentales a machete. Pelean y ya está.

domingo, 15 de julio de 2012

Orgullo patrio

Curiosamente, a pesar de ser un amante de los términos abstractos, en muchos casos se me nubla el significado de algunos de ellos. No comprendo, por ejemplo, lo que significa la palabra "honor", que en un inicio me sonaba de puto lujo libanés y de la que ingenuamente deducía el significado de "hacer las cosas como hay que hacerlas". Hasta que me salieron pelos en mis perfumados genitales y comprendí que probablemente quería decir "hacer las cosas de forma que a la gente le parezca aceptable lo que hacen". Claro, pero eso ya es puta mierda, la experiencia nos enseña que el mejor lugar para colocar opiniones ajenas es en la sucia y negra raja de nuestro culo, a modo de protector de los calzoncillos.
Y como ese, muchos más términos se me escapan: "Redención", "penitencia", "banana hammock" y sobre todo, "patria". No es que no entienda la palabra en sí, lo que no entiendo es ese significado grandilocuente que se le suele aplicar, en esa interminable búsqueda por sentirlo en vuestro apasionado pecho, devolviendo a vuestra memoria tiempos mejores4 en las duchas de la cárcel. No creo que pueda quererse a un país entero o solo a uno. Sería cerril, garrulo y absurdo apasionarse por un pedazo de tierra por el mero hecho de estar acostumbrado a él. Puedes querer tu pueblo, tu ciudad, tu barrio, tus colegas, el kioskero que te vendía las revistas porno siendo menor de edad, con una depravada sonrisa cómplice en sus labios. Pero coño, no seamos absurdos, se cometen unas barbaridades en nombre de la patria y de toda su puñetera prole que no tienen nada que ver con nuestro bien amado kioskero ni con nada de lo demás. ¿No sería más razonable querer lo que te ha rodeado? Pero claro, la lógica no existe para algunos
Desde luego yo lo tengo muy claro. Si alguna vez se lía gorda con la patria, a lo que tenga arreglados mis asuntos y con los míos a buen recaudo, me busco una puta motorizada modelo Sado 582 (aquí teneis una muestra de este bello portento del transporte) y salgo cortando hacia donde haga falta. Y que se deje los cuernos por nuestra madre patria su puta madre. Es decir, técnica mente nuestra puta abuela patria.

miércoles, 4 de julio de 2012

Homosexualidad, mariconeo y fitofilia

El ser humano es sumamente irritante. Es una característica inherente a él, no puede remediarlo. Es pesado, arrogante y debilucho. Si lo pensamos bien, dentro del reino animal seríamos como ese maldito pardillo flacucho que piensa que su capacidad para recordar todos los combos del Teken debería ser considerada maravilla de la humanidad y que se vanagloria de su poderosa inteligencia, autocompadeciéndose por vivir rodeado de primates. Una verdadera lástima. 
En la mayoría de los casos, no nos damos cuenta de lo irritantes y absurdos que somos. Excepto, claro, en las cosas que no tienen absolutamente ninguna importancia. Somos una especie que ha hecho las cosas más impresionantes y las más aborrecibles, que hemos llegado a tocar los extremos. Por el amor de José Coronado, hemos tenido a Freddie Mercury y a Justin Bieber. Y en vez de paliar todos los errores y atrocidades que cometemos, nos concentramos en las mayores nimiedades, aquellos errores que no son errores, sino simples diferencias. Y nos peleamos a cuchillo. Religión, nacionalismo... y la mejor mierda de todas: sexualidad.
No entiendo cual es el problema de que dos personas se enhebren el culo mutuamente o lo que haga falta. Qué cojones importará donde metamos el cimborrio, siempre y cuando receptor y emisor estén de acuerdo y contentos con el resultado (ojo, contentos, no satisfechos. La satisfacción en el coito es un objetivo más difícil de lo que parece). Pero no, claro, nos jactamos de nuestra rectitud, nuestra moral que controla cada parte de nuestra vida y la iguala a los que vivieron hace miles de años. Para algunos la evolución no significa nada, pero que coño, eso ya lo sabíamos.

lunes, 4 de junio de 2012

Veranito sabrosón

Se acerca el verano, con todos sus pros y sus contras, es inevitable. Aceptémoslo lo antes posible para evitar posteriores trastornos. A mí, por ejemplo, me esperan días levantándome a las dos de la tarde, cubierto de un sudor de un espesor semejante al del pegamento de barra. Se ha dado el caso de que alguna insolente mosca se posa en mi piel, atraída por el fuerte olor a tocino y huevada, y queda atrapada para siempre, como lo hacían las estúpidas moscas del cretácico. Para algunos la evolución no significa nada, esto y la música bakalao son la prueba. Volviendo a la mosca, a las dos semanas el sudor se ha convertido en una magnífica piedra transparente con un precioso regalo en el interior. Si alguna vez se me pasa por la cabeza la ingenua idea de casarme, pienso pedir matrimonio con esa misma mosca fosilizada como joya.
También nos esperan las piscinas públicas, ese caldo de cultivo, los helados de forma fálica, las canciones del verano, las verbenas... toda una temporada de diversión en el que el calor vuelve gilipollas a la gente e impide que se den cuenta de que se están riendo de ellos. Y así, hijos míos, nacieron esos extraños polos con forma de polla colorida, que nuestros pequeños podrán conseguir en cualquier kiosko. 
Por otro lado, el verano tiene cosas harto agradables. Ya sea la posibilidad de holgar día y noche, la desidia absoluta recorriendo nuestro intestino, o las señoritas ligeras de ropa zascandileando de aquí para allá. Y chupando polos con forma de falo, que como podemos comprobar son un arma de doble filo. Es la prueba de fuego para los que carecemos de toda la vida sexual que desearíamos. 
Querría hacer una mención especial en este artículo sobre el verano a un viejo conocido al que todos echamos de menos y que ha desaparecido de nuestra vida en los dos momentos que más falta nos hacía: Ramón García. El verano no es lo mismo sin ti presentando el Gran Prix, haciendo las delicias de vizcos y pedófilos. Igual que no lo son las uvas. Espero que allá donde estés, en la gran llanura donde los famosos de capa caída van a pastar cuando su carrera pública muere, que te llegue este mensaje. Ramonchu, te queremos, eres el batman español.

viernes, 1 de junio de 2012

Cagarse en los oídos de la superstición

El gran problema es que no entendemos un carajo. Necesitamos encontrar un patrón fijo en procesos determinados por infinidad de factores, lo que nos lleva a una especie de frustración y de miedo al no saber lo que va a pasar. Entonces nos agarramos a un montón de estupideces, derivadas de un tiempo pasado en el que  ese hecho si que era uno de los factores determinantes. Y eso en el mejor de los casos, porque en otros simplemente es una paparrucha que se le ha ocurrido a un tío puesto de algún tipo de droga psicotrópica o que tiene un serio trastorno psiquiátrico no diagnosticado.
Pero claro, hagámosle caso al loco, su visión de la vida es mucho más aceptable que el hecho de que desconocemos algunas cosas. Parece mucho más sencillo consentir en que rajarle las tripas a un pájaro es un inequívoco portal al futuro que aceptar que estamos expuestos a factores que desconocemos y que denominamos, por tener la ausencia de control sobre ellos y desconocer sus causas, azar.
A mi entender, necesitar de un montón de espíritus malignos o benignos que pueden manejar a placer ciertas visicitudes de nuestra vida y que son tan fácilmente manipulables como para decidirles entre una cosa y otra lanzando sal por encima del hombre es, probablemente, de las mayores chorradas y niñerías que puede encontrarse. Es como solventar un problema de escasez de camaradas mediante la invención de un amigo imaginario que piense que eres superchachi y te invite a continuar tus estiramientos para llegar a felarte tu propio pene porque "tú eres capaz de todo lo que te propongas, mejor amigo":
Por dios, echémosle un par de huevos al asunto y dejemos de tenerle miedo a lo desconocido de una puñetera vez. Desde un punto de vista del racionalismo parvulario, es obvio que la respuesta lógica a una serie de factores no controlables no es otra que el aprender a lidiar con ellos, improvisando y adaptandonos a las puñeteras situaciones. Y si no, pues teneis bien merecida la caja de pino. Es la puta evolución, lo tomais o lo dejais, pero las cosas son así.

jueves, 31 de mayo de 2012

Salvad el honor del porno

Tras un largo periodo de tiempo, en el que este blog mío ha traído menos frutos que el vientre reseco de la duquesa de alba, enmoquetado y listo para embalsamar, he decidido celebrar mi poco deseada vuelta con una teoría especial que me guardaba en la bragueta. La del honor de la pornografía.
El porno es, actualmente, la materia más hipócritamente vilipendiada. Todo Internet está lleno de vídeos en el que esas maravillosas mujeres, ya sean juguetes rotos cuya vida ha matado sus sueños o simples fornicadores profesionales, repletas de bacterias genitales con sabor a pescadilla, nos invitan a manjares de lujuria, más o menos sórdida, dependiendo del gusto. Y sin embargo, la sociedad, que para efectos prácticos podeis imaginar como un señor calvo muy arrugado con un traje de chaqueta sin pantalones ni calzoncillos y un pepino asomándole por el ano, ataca desconsideradamente toda esta rama del séptimo arte, calificándolo de sucio, impuro o repugnante.
Sin embargo, el sexo es una parte importante de la vida humana. Sin el sexo, probablemente ya hubiesemos inventado la fórmula de la inmortalidad y habríamos llegado a Saturno, pero el 90% de la población estaría colgándose del pescuezo en sus respectivas casas. Porque sacudirnos la sardina nos hace gente cuerda, y rockanrrollear la casba, para quien pueda perimitirselo, relaja nuestras tensiones y reinicia nuestro sistema. Estamos programados como máquinas de fornicar, comer y cagar. Por eso el sexo no es sucio, sino natural, como la mierda de cabra o los pelos en el coño.
Pero claro, ese señor calvo y sodomita que es la sociedad, con su hipocresía y su semidesnudez, consiente en condenarlo después de pelarse la nutria con vídeos de zoofilia. Porque tenemos mucho miedo a la naturaleza y queremos un mundo aséptico, donde follar a través de trajes de latex. Donde nos podamos erigir como seres superiores a la naturaleza, como no animales. Como humanos, dioses semicorporeos. Pues que le metan un falo por el ojo a esa sociedad autocomplaciente y estúpida. Estoy muy contento siendo un animal y me gusta sentir el tacto de mi mano en mi prepucio. No quiero nada con ese indigno mundo aséptico que estais construyendo y los únicos trajes de latex que consiento son los que usa Lorelei Lee en sus videos sadomasoquistas. Porque el porno es instinto, animalismo... es una ilusión imposible que sin embargo refleja lo que somos. 

jueves, 19 de abril de 2012

Las inverosímiles fronteras del arte

Hasta ahora, se ha jugado mucho con lo que es arte y lo que deja de serlo, sobre todo en estos últimos tiempos en los que la originalidad es lo que se busca frente a cualquier otra cosa. Se dejan de lado muchas cosas, desde la técnica hasta la expresión, en búsqueda de una supuesta estética. Hasta tal punto hemos llegado que están siempre pululando los artistas de vanguardia con sus "que si te cago en la sien y lo firmo" o sus "te tiro un chorro de ácido al escroto y lo firmo" o "dejo embarazado a un caniche y lo firmo". Nunca, y oídme bien, nunca, estaré en contra de la coprofilia, la deformidad o la zoofilia. Pero existe una clara frontera entre todo esto y lo que podríamos considerar arte (si el mundo en el que vivimos no estuviese más enfermo que un niño con sida terminal nadando en un pozo negro).
Puestos a aclarar de una vez qué podemos considerar arte y qué no podemos consideraro, estoy dispuesto, en desigual justa, a analizar nuestro arte moderno en busca del denominador común que existe en él y que marque definitivamente la frontera. Porque no se puede clasificar las cosas si no conocemos el significado de la clasificación. Ahora cojo un Picasso por allí, un Duchamp por allá, un poco de Merde d'artiste, otro poco de Spiral Jetty, algún que otro Dalí y voilá!. Ya tenemos el denominador común. En contra de todo pronóstico, parece ser que lo que define el arte en nuestros días no es ni más ni menos que la firma. Un poco triste, cierto, pero hay que superarlo.
Una vez aclarado esto, creo que es muy muy sencillo saber cual es el arte supremo de entre todos. En efecto, el grafiti, pero no ese grafiti genial y colorista que tiene su mensaje y su técnica. ¡En absoluto! El arte supremo de ahora debe ser ese grafiti cutre que consiste en poner el nombre en la puta pared con todos los colores que se tengan a mano. En esto habéis convertido el arte. Enhorabuena.

viernes, 13 de abril de 2012

De politiqueos y consoladores anticuados

Nuestro cerebro está salvajemente desvirgado en lo que a cuestiones políticas se refiere. Como un  niño que pierde la inocencia cuando un depravado destapa su falo sifilítico y purulento ante sus acuosos ojos, nuestro cerebro recibe señales terriblemente condicionantes, en lo que a política respecta, en lugares completamente inusitados. Periódicos, televisión, anuncios... en todo meten el cimbrel esos truhanes dedicados al noble arte de pastorearnos. Incluso estoy elaborando una insana, absurda y complejísima teoría sobre como los políticos se las apañan para introducir, justo en el momento en el que no miramos, pequeñas dosis de su propio semen en cada bol de cereales que consumimos .
Fuera de la obvia intromisión mediática en las partes nobles de nuestro cerebelo, existen importantes cuestiones a tratar en el erótico campo de los politiqueos. Y es que la razón de estos constantes tractos rectales en nuestra ideología no es más que la muestra de la imperfección del sistema político en el que nos encontramos. No podemos echar la culpa de esto a un imaginario señor con sombrero de copa que se masturba pensando en lo pobres que son todos menos él. La culpa de esto la tenemos todos y cada uno de los ignorantes que nos conformamos con el porno sórdido y gratuito que encontramos por internet. Porque el hecho es que nos están vendiendo la política, utilizando el marketing, como una vulgar ramera se vende en las páginas de contactos de un periódico local.
Seamos serios, no estamos haciendo una transacción inocente, como la compra de crack en un oscuro y maloliente callejón, ni estamos encargando por teletienda consoladores de los años 50, viejos, cascados y usados mil y una vez. Estamos decidiendo en qué tipo de mundo queremos desempeñar nuestra patética vida de pervertidos. En qué mundo queremos pagar porque nos planten mojones en el pecho. En qué mundo queremos que nuestros pobres vástagos se conviertan en penosos camellos de tres al cuarto. Salgámonos un poquito de etiquetas políticas, de periódicos corruptos, del pastoreo al que nos subordinemos. Pensemos un poco al tomar decisiones vitales para todos. Y luego volvemos al porno sórdido y gratuito, tranquilos, que de eso no me olvido.
Especialmente dedicado a la gente de "We Must Be Over the Rainbow", que se curran y se piensan todos estos asuntos de política. También dedicado a ese travesti tan sexy que conocí en la romería de Soria. Manolo, no te olvido.

miércoles, 14 de marzo de 2012

A veces lloro en la ducha

Desde hace poco menos de un mes que llevo con esto del blog, la curiosidad me ha picado como lombrices carnívoras en mi ano. Decidido a husmear en la comunidad de propietarios de blogs (la palabra bloguero me produce reflujo ácido), busqué y hallé cientos y cientos de blogs variopintos. Un denominador común existía entre ellos: Todos estaban escritos por pajilleros sensiblones que lloriqueaban al mundo sus traumas, esperando que algún espectador anónimo y fortuíto se enamorase de su sensibilidad de marica y lo consolase en este mundo de dolor parturiento.
Pensaba que las violaciones infantiles eran algo mucho menos común hasta que encontré esta sarta de lloricas que intentaban quitarse de la cabeza un montón de traumas absurdos y degenerados para meterlos en la mía. Pensareis que yo, desde mi falta de sensibilidad, les estoy deseando a todos un lustroso cancer de ojo, y yo también lo creía, hasta que me ví reflejado en el espejo de mi propia vergüenza y decidí ser sincero.
Yo también tengo mi corazoncito y mi alma que sufre. Muchas mañanas, cuando me levanto y me meto a la ducha, pienso en lo duro que es el mundo y en cuanto dolor me causa la vida, y lloro. Y todo esto se debe a que cuando me levanto tengo unos pedos muy agresivos, de esos que suenan a tela desgarrada, que me rompen el ano de una violenta sacudida. Más de una vez he tenido que mirar por si me he hecho sangre. Por alguna razón esos pedos se vuelven todavía peores una vez estoy dentro de la ducha, rasgando mi sudoroso y maltrecho ojete sin ni siquiera un atisbo de pasión. Y lloro. Porque soy un alma sensible.

De relativismo y otras mierdas de comer

Hoy día, la corrección política nos corroe las entrañas, ya de por sí masas difusas de material proteico, hasta convertirlas en una fábrica de cagar arcoiris. Porque un debate no debe acabarse con "cada cual tiene su gusto" pudiendo acabar en un "no tienes ni puta idea y por eso vas a seguir siendo un subnormal toda tu vida", seguido de un clamoroso esputo en sus labios.
El respeto es una mariconada preciosa y completamente necesaria, siempre y cuando no se meta en mi camino con la intención de frenar mis barbaridades. Es más guay que el semen de unicornio en tu boca eso de aceptar todas las opiniones, lo que no quita que sea absolutamente necesario defender la tuya a capa y espada o caer rendido ante la dialéctica superior del otro personaje (a mí nunca me ha pasado eso porque mi lengua es afilada como un rodaja de choped).
Porque con las frases "cada cual tiene su opinión", "todas las opiniones son válidas" y todo eso, al fin y al cabo lo que se consigue es una multiplicidad de opiniones, pero ningún avance en nuestra mentalidad. Y ya somos todos bastante palurdos como para hacerlo todavía más recalcitrante.
Dejando a parte el debate, si quiero hacer un chiste sobre un burro follándose salvajemente a un hombre tetrapléjico que duerme apaciblemente y no se da cuenta de lo que pasa, y luego el burro deja caer con desparpajo un fajo de billetes sobre la mesilla de noche, en pago de los servicios sexuales prestados, pues lo hago y ya está.
No es una cuestión de reírme de las desgracias de nadie. Es una cuestión de reírme de las desgracias de todo. Y no podréis quitarme esa satisfacción por mucho que lo intentéis. Porque tengo el ojete demasiado sucio como para no limpiarme el culo con todas vuestras opiniones. He dicho.

jueves, 8 de marzo de 2012

Infantiloidismo

No estoy muy seguro de si quiero vivir en un mundo donde me miren mal por ir a una discoteca con la única intención de cantar las canciones que allí se escuchan, variando las letras para incluir todos los mensajes obscenos que pueda. Es obvio que, independientemente de a quien le pueda gustar y de a quien no, seguiré sustituyendo la palabra "vela" por "verga" todas las veces que me sea posible, pero es algo incómodo que, mientras yo río con carcajadas histéricas de psicópata, todas las personas de mi alrededor me miren con una mezcla entre miedo y condescendencia. Sobretodo me fastidia que lo hagan las mujeres, ya que me transmite la inusual sensación de que esa noche no voy a pillar cacho.
¿Cómo podemos criar a cualquier clase de vástago en un mundo en el que te tachen de infantiloide por desternillarte al oír los vocablos "erectus" o "anal-izar"?. Ya sé que las mentes elevadas siempre hemos sido unos incomprendidos, pero ¡cáscaras! (decir sustitutos de tacos al estilo de los años cincuenta sin que venga a cuento también es una costumbre divertida), no quiero que mis niños (y con niños me refiero a una caja de condones usados sin mediación de relaciones sexuales de más de un individuo y a los que pinté caras graciosas) se críen en un entorno de gente gris, aburrida, pedante y pederasta que no sea capaz de reirse con la imagen mental de un gordo haciendose una paja mientras piensa en una galleta de chocolate y atún.
La vida es dura y los días monótonos en un mundo así, y vuestros hijos se darán cuenta de lo miserable que será su vida en cuanto soplen la "verga" de la tarta de su 5º cumpleaños. Intentarán suicidarse y tendreis que llevarlos a psico-anal-izar.

viernes, 2 de marzo de 2012

Carne de Starbucks

¿Alguna vez has deseado ser una persona culta para correrte en el ojo de una intelectual que conoces?¿Has ojeado un libro de filosofía en alguna librería justo antes de comprarte la última genialidad literaria de Moccia? ¿Tienes una capacidad sobrehumana para que una opinión ajena resuenen en tus oídos para luego vomitar esa misma opinión como propia sin que pase por tu cerebro?¿Sufres terribles y dolorosas erecciones pensando en Schopenhauer? Felicidades, eres un intelectual de folletín.
Ahora solo tienes que explicarnos como te vas a un parque a leer poesías cuando en realidad vas a ver el culo embutido de las pokeras borrachas que habitan la zona. En serio, no te cortes. Hablanos de las tardes cuando vas a establecimientos carísimos a tomar un café mientras escribes en tu Mac sobre lo deshumanizador que es el mundo actual y lo mal nutridos que tenemos a nuestras pequeñas mascotitas de áfrica. Por favor, dale un sorbo a ese café de 6€ y piensa que estás bebiendote la comida de un mes de ese crío que tanto defiendes. Imagina a ese mismo niño africano con las costillas más marcadas a cada sorbo que bebes. Si sueltas una carcajada, falsa alarma, solo eres un cínico hijo de puta como el autor de estas lineas. Sin embargo, si estás pensando en echarle la culpa al sistema capitalista, chapó, eres un hipócrita intelectualoide sin ningún complejo, enhorabuena.
Quiero deciros, intelectualoides del mundo, rojos de folletín, artistas de opereta, que lo nuestro es una historia de amor odio y estamos condenados a ella. Porque es risa y pena lo que siento cuando alguno de vosotros intentais mantener una conversación de más de 3 minutos sobre literatura y cuando vuestros conocimientos de bachillerato se acaban acudís a la frase "es que la literatura es sentimiento". Sois brillantes. Os daría un beso de tornillo a todos ahora mismo antes de encularos con una rama de olivo.
Porque os ama y os odia:
La Bestia de la Dehesa
A toda esa fauna,

La revolución artística del Mediterraneo

El Mediterraneo sin lugar a dudas es el aglutinante de una cultura común. Por alguna razón, los pueblos que se bañan en sus aguas (y con esto no me refiero a los alemanes de Benidorm) comparten puntos de inflexión característicos, extendidos más allá de las múltiples diferencias apreciables a primera vista. Y eso, de alguna forma enlaza nuestros destinos.
Últimamente he estado maquinando una teoría acerca de este hecho. Las cosas no están demasiado bien por aquí: unos está peleando contra un gobierno constrictivo que se agarra al puesto como un puto cáncer al pulmón de un fumador de Ducados, otros pasamos una crisis económica que está comiéndonos por los pies... Digamos que el río está revuelto.
Y sin embargo, no es mierda todo lo que mancha. Esta situación, a mi entender, es idónea para que algo nuevo y grande nazca en las orillas mediterraneas. Los grandes movimientos culturales y artísticos siempre se dan en momentos de crisis y descontento como este, ya que, al revés que la satisfacción, el descontento invita a pensar y a buscar salidas en el arte. Al mismo tiempo, a pesar de poseer un mejor o peor sistema educativo, nunca hemos tenido semejante cantidad de personas de excelente formación y conciencia de ella, a pesar de representar una inmensa minoría.
Todos estos factores se unen a la cuestión de que el arte de los últimos tiempos tiene, desde mi punto de vista, una obvia decadencia. El mercantilismo se ha comido al arte, transformándolo en un producto de compra venta y nada más, como puede ser un zapato o el hígado de una prostituta barata. Es bastante obvio que necesita una renovación que se cargue de una vez todas las "renovaciones" que están haciendo.
El producto de estos factores perfectamente podría ser una revolución cultural y artística en el Mediterraneo, que, según pienso, en pocos años aparecerá y puede llegar muy alto. Solo faltan dos empujoncitos para que suceda: El primero, tomar una conciencia mediterranea, entendernos como algo que está más allá de un país, ya que es una revolución a gran escala. Y el segundo y más importante, hacer comprender a los que serán los artífices de esta revolución que se les ha dado licencia para crear, pero para crear como tal, desde cero. Es su momento, el escenario está vacío, el público dispuesto, tú tienes cosas que decir y yo me voy, porque tengo un mojón asomando desde que empecé a escribir este tocho y ya no aguanto más.

martes, 28 de febrero de 2012

Las maldiciones del humanista I

Una cosa que siempre me ha gustado imaginarme al estudiar historia es imaginar a sus protagonistas rascándose el culo y oliéndose los dedos, saboreando su cosecha anal como si fuere eau de roses pasada de fecha. Imáginemos a un maltrecho Aristóteles que, tras una "animada charla" con su maestro Platón, tiene una "espontanea" irritación en las paredes del recto. Entonces Aristóteles se rasca el bullater mientras una cara de placer cómplice y concentración al mismo tiempo se dibuja en su rostro. Es la cara de placer amigo y cotidiano que todo el mundo conoce, el alivio del picor anal. Esa amistosa comunión entre las uñas sucias y las arrugas del ojete.

Y así es como lo hago con todos los grandes de la historia. Si me aburro con la repetición de esta anécdota, busco otra de carácter similar. Véase a Albert Einstein oliendose la palma de la mano tras tocarse el escroto sudoroso, dándole a su característico bigote un suave aroma a almizcle. Tampoco me privo de divertidas escenas como Marco Antonio diciendole a Cleopatra que es la primera vez que le pasa, mientras ella se limpia el semen de su nariz egipcia o el patético culeo al que Góngora llama "fornicar" que realiza patéticamente con alguna meretriz gorda como una morsa.

De estos momentos tan íntimos y divertidos se colman mis tardes de estudio historio-gráfico. Y luego cuando cierro esos libros cargados con la biografía de la humanidad entera, me despido de estos personajes con un jovial "¿qué tal se ve eso desde el infierno?" mientras río alegremente y danzo alrededor de una pila de muñecos de bebes de plástico descuartizados. Porque cada uno tiene sus métodos para estudiar.

Internet, la utopía del anónimo

Hay mucha magia en internet. Redes sociales que nos permiten relacionarnos con prostitutas albinas en nuestra misma ciudad, periódicos donde leer detalles escabrosos de las últimas violaciones, vídeos que parecen nacidos de un brillante y coprofílico psicópata o páginas web que aseguran con entusiasmo de feriante que pueden aumentar el tamaño de nuestro bien amado pene hasta vernos en la necesidad de comprarle una gorra y pintarle una expresiva cara en lo alto del capullo.
Pero mi asunto favorito de esta semi-existente sociedad es la depresión e incapacidad social que transmiten muchos portales. Lo mejor de esta red es la forma sutil y descompasada, como un niño cojo pidiendo una limosna para comer mientras yo acelero el paso, para mostrarnos lo enfermo que está el ser humano. Y por desgracia no es una discapacidad alegre y divertida, como las parafilias, sino una auténtica muestra de inutilidad común, de podredumbre vital. Gente que ha perdido tantísimo el norte que tiene que reinventarse una vida completamente falsa, superficial y patética para impresionar a un desconocido y poder hacerse la primera paja nocturna del mes sin pensar en que su vida es una puta mierda.
Pocas cosas hay que me hagan soltar una carcajada tan sonora como el pensamiento en el patetismo de un tipo, bronceado a lo David Meca por la pantalla del ordenador, que hoy se siente una maldito catedrático porque ha conseguido rebatirle a un anónimo, que ni siquiera conoce, los detalles de una sucia teoría conspiratoria salida del sueño húmedo de un esquizofrénico. Minutos después, orgulloso y altanero nuestro especimen se dispondrá a desencajarse el culo de la silla, dejar su revista porno favorita empapada de grasa de Doritos y soñar con que todo esto ha ocurrido en la vida real. Desternillante. Y encima para descubrir al día siguiente que su argumento ha sido irrevocablemente echado por tierra, con una lágrima en los ojos. Me retiro, que me va a dar un síncope de tanto reirme.